
«La piedra que desecharon los constructores, ha llegado a ser la piedra angular».
Esta parábola hermosa que recuerda el rechazo que has sufrido, Señor, a manos de aquellos que, ayer y hoy, en su soberbia, tienden a creer estar, por encima de la voluntad de Dios.
Su rechazo, a tu voluntad, y su afán de construir un mundo «laico», sin Ti, es lo que, ha vaciado nuestra sociedad, de sentido.
Desecharte a Ti, en el fondo, es desechar al mismo ser humano, porque, sin Ti, nada somos.
Señor, concédenos que a nosotros se nos aplique lo dicho por el salmista: «Feliz el hombre que teme al Señor y ama sus mandamientos», porque sin ese Santo Temor a ofenderte, caemos en la soberbia, la autosuficiencia y la indiferencia.
Danos, un corazón grande, para jamás apartarte de nuestro lado, jamás desecharte y, saber compartir tu amor, sirviendo a los demás con obras de misericordia. (PJÁL)