Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas eternas del infierno. Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA
Glorioso San Antonio de Padua, hijo esclarecido del gran padre y patriarca San Francisco de Asís: si es para mayor gloria de Dios, honor del santo y provecho de mi alma, que yo consiga la gracia que te pido en esta novena. Alcánzala del Señor, y si no, ordena mi petición, con todos mis pensamientos, palabras y obras a mayor gloria de Dios.
ORACIÓN DEL DÍA TERCERO
Jesús mío, te ofrezco los méritos de San Antonio de Padua, y por ellos y por el amor que le mostrastes al concederle se trasladara milagrosamente de Padua a Lisboa, para librar a su padre injustamente condenado a muerte, concédeme una santa muerte temporal, verme libre de la muerte eterna del infierno, y la gracia que te pido en esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honor del santo y provecho de mi alma.Amén.
De los sermones de San Antonio
¡Oh inestimable dignidad de María! ¡Oh inenarrable sublimidad de la gracia! ¡Oh inescrutable profundidad de misericordia! ¿Qué gracia, qué misericordia fue o pudo jamás ser hecha a un ángel o a un hombre, tan grande como la que fue hecha a la bienaventurada Virgen María, que Dios Padre quiso que fuera Madre de su propio Hijo, igual a Él, engendrado antes de los siglos? Sería gracia y dignidad máxima que una pobrecita mujer tuviese un hijo con el emperador. En realidad, superior a toda gracia fue la gracia de María Santísima, que tuvo un Hijo con Dios Padre, por lo cual, mereció ser coronada en el cielo.
Te rogamos, pues, Señora nuestra, ínclita Madre de Dios, ensalzada por encima de los ángeles, que llenes con la gracia celestial el vaso de nuestro corazón; que lo hagas resplandecer con el oro de la sabiduría; que lo fortalezcas con el poder de tu virtud; que lo adornes con las piedras preciosas de las virtudes; que derrames sobre nosotros el óleo de tu misericordia, tú, olivo bendito, para que cubras la multitud de nuestros pecados, a fin de que merezcamos ser levantados a la altura de la gloria celestial y ser bienaventurados con los bienaventurados. Ayúdenos Jesucristo, tu Hijo, que te exaltó por encima de los coros de los ángeles, te puso la corona de Reina y te sentó en el trono de la luz eterna. A Él es dada honra y gloria por los siglos de los siglos. Diga toda la Iglesia: Amén, Aleluya.
ORACIÓN FINAL
¡Oh glorioso San Antonio de Padua: Bien conozco que no soy digno de que el Señor me atienda por lo mucho que le he ofendido; pero humillado y confundido me acerco al trono de su Divina Gracia, confiando en tu mediación te ruego, santo mío, que hagas la gracia de hacer mis veces delante de su Divina Majestad, y me alcances… (petición, se hace una pausa en silencio) y para más obligarte te ofrezco mis oraciones a fin de que te compadezcas de mí y me libres de la presente necesidad, si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Presenta tus méritos en mi favor; sé mi abogado delante del Señor que te dio tanto poder y te distinguió con tanta predilección y decide la causa en bien mío. Así sea.
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
ORACIÓN INICIAL (Para todos los días)
¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrada devoción y el bien de mi alma. Amén.
REFLEXIÓN DEL DÍA NOVENO
REINO DEL CORAZÓN DE JESUCRISTO
«El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre sembró en su campo. Sin duda, esta es la más pequeña de todas las semillas; pero, cuando crece, es la más grande de las plantas; se hace árbol, y hasta las aves del cielo vienen y hacen nidos en sus ramas» (Mt 13, 31- 34).
«Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras: como la semilla pequeña que puede llegar a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13, 31-32), como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa (cf. Mt 13, 33), y como la buena semilla que crece en medio de la cizaña (cf. Mt 13, 24-30), y siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!» (Evangelii Gaudium, 278)
Padre nuestro, Ave María y Gloria
Petición
Sagrado Corazón de Jesús, tú conoces nuestras necesidades e intenciones. Nos has dicho: “pidan y se les dará”, lo hago con fe sincera y te confío esta petición… Todo lo espero de tu infinita bondad si es para tu gloría y para nuestro bien. Amén
Consagración al Sagrado Corazón de Jesús
Corazón de Jesús, manantial inagotable de gracia, amor y paz. Corazón del que nació la Iglesia, gracias por recibirme en ella en el bautismo. Gracias por mostrarme en ella el rostro de tu Padre. Gracias por enviarnos tu Espíritu Santo que nos congrega y construye. Gracias por continuar ofrendándote diariamente en la Eucaristía que une y alimenta. Yo me entrego y consagro a ti. Quiero vivir a plenitud mis promesas bautismales. Adéntrame, Señor Jesús, en tu Corazón. Cámbiame este corazón de piedra. Que se parezca al tuyo para que no quiera hacer ya más mi voluntad, sino, como Tú, la del Padre. Préstame tu Corazón herido, tu corazón fuerte, para que aprenda a entregarme entero y sin reservas a la empresa de que venga a nosotros tu Reino de justicia, de amor y de paz. Amén.
ORACIÓN POR LOS 350 AÑOS DE LAS APARICIONES DEL SAGRADO CORAZÓN
Señor Jesús, que revelaste a Santa Margarita María tu Corazón apasionado de amor por todos y cada uno de los hombres en particular.
Tú nos invitas a beber de la fuente de tu Corazón que hoy permanece abierto más que nunca.
En este sacramento del Amor que es la Eucaristía, te ofrecemos nuestros trabajos y cansancios; que encontremos en Ti nuestro descanso.
Te presentamos nuestros sufrimientos y heridas: consuélanos y cúranos.
Te mostramos nuestra dureza de corazón: haznos mansos y humildes.
Ponemos ante Ti nuestras ingratitudes e indiferencias: que te devolvamos amor por amor
Te expresamos nuestra sed de amarte y anunciarte: envíanos el poder de tu Espíritu Santo.
Señor, nos consagramos a tu Corazón, horno ardiente de caridad.
Haznos instrumentos que atraigan los corazones a tu Amor.
Haznos arder en tu amor compasivo que nos haga testigos ante el mundo de este Corazón que nos ha amado tanto.
El octavo día de nuestra novena al Sagrado Corazón estuvo a cargo de los hermanos del Camino Neocatecumenal.
Rezamos la novena y se bendijo al cumpleañero de hoy, Reynaldo Sánchez. La rifa del cuadrito del Sagrado Corazón se lo ganó Rosina Morales.
La comedera de esta noche estuvo a cargo de los hermanos del coro!!! Que quisieron sacarle música a unos tamalitos de Cambray pero… se les acabaron rápido.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas eternas del infierno. Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA
Glorioso San Antonio de Padua, hijo esclarecido del gran padre y patriarca San Francisco de Asís: si es para mayor gloria de Dios, honor del santo y provecho de mi alma, que yo consiga la gracia que te pido en esta novena. Alcánzala del Señor, y si no, ordena mi petición, con todos mis pensamientos, palabras y obras a mayor gloria de Dios.
ORACIÓN DEL DÍA SEGUNDO
Jesús mío, te ofrezco los méritos de San Antonio de Padua, y por ellos y por el amor que te mostró, deseando dar su vida por la predicación de la fe en tierra de infieles, concédeme la gracia de morir mil veces, antes que ofenderte en lo más mínimo, y la que te pido en esta novena, si ha de ser para la mayor gloria de Dios, honor del Santo y provecho de mi alma. Amén.
De los sermones de San Antonio
La confesión sacramental se dice también puerta del cielo. Sí. Verdaderamente es puerta del cielo, verdadera puerta del paraíso, porque por ella, como por una puerta, pasa el penitente a besar los pies de la divina misericordia, se levanta hasta besar las manos de la gracia celestial, y es acogido para recibir el beso de la reconciliación con el Padre. ¡Oh casa de Dios! ¡Oh puerta del cielo! ¡Oh confesión del pecado! ¡Dichoso aquel que habite en ti! ¡Dichoso el que entre por ti! ¡Feliz el que se humillare en ti! Humíllense, pues, ustedes, y entren, hermanos carísimos, por la puerta de la confesión. Confiesen, como han oído, los pecados y sus circunstancias. Ha llegado el tiempo aceptable para la confesión, ha llegado el día saludable para la satisfacción, conforme a lo que dice: Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches…
Cuando finalmente le tentó de avaricia, le respondió Jesús: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás. Todos los que aman el dinero o las glorias mundanas, se postran ante el diablo y lo adoran. Pero nosotros, por quienes Jesucristo descendió al vientre de una Virgen y se sometió al tormento de una cruz, instruidos por su ejemplo, vayamos al desierto de la penitencia y con su ayuda refrenemos el ímpetu de la gula, el viento de la vanagloria, el incendio de la avaricia. Adoremos a Aquel a quien los ángeles sirven. Él es bendito, glorioso, laudable y excelso por los siglos de los siglos. Y toda criatura responda: Amén.
ORACIÓN FINAL
¡Oh glorioso San Antonio de Padua: Bien conozco que no soy digno de que el Señor me atienda por lo mucho que le he ofendido; pero humillado y confundido me acerco al trono de su Divina Gracia, confiando en tu mediación te ruego, santo mío, que hagas la gracia de hacer mis veces delante de su Divina Majestad, y me alcances… (petición, se hace una pausa en silencio) y para más obligarte te ofrezco mis oraciones a fin de que te compadezcas de mí y me libres de la presente necesidad, si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Presenta tus méritos en mi favor; sé mi abogado delante del Señor que te dio tanto poder y te distinguió con tanta predilección y decide la causa en bien mío. Así sea.