2do Día de la Novena de San Antonio de Padua

2do Día de la Novena de San Antonio de Padua

8vo Día de la Novena del Sagrado Corazón de Jesús

8vo Día de la Novena del Sagrado Corazón de Jesús

Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrada devoción y el bien de mi alma. Amén.

«Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 35-36).

«El celo evangélico es el apoyo en el que se basa el anuncio, y los anunciadores son un poco como los pies del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. No hay anuncio sin movimiento, sin “salida”, sin iniciativa. Esto quiere decir que no hay cristiano si no en camino, no es un cristiano si el cristiano no sale de sí mismo para ponerse en camino y llevar un anuncio.

No hay anuncio sin movimiento, sin camino. No se anuncia el Evangelio parados, encerrados en una oficina, en el escritorio o en el ordenador haciendo polémicas como “leones de teclado” y sustituyendo la creatividad del anuncio con el corta y pega de ideas cogidas aquí y allí. El Evangelio se anuncia moviéndose, caminando, yendo» (Papa Francisco, Audiencia general, 12 de abril de 2023).

Sagrado Corazón de Jesús, tú conoces nuestras necesidades e intenciones. Nos has dicho: “pidan y se les dará”, lo hago con fe sincera y te confío esta petición… Todo lo espero de tu infinita bondad si es para tu gloría y para nuestro bien. Amén

Corazón de Jesús, manantial inagotable de gracia, amor y paz. Corazón del que nació la Iglesia, gracias por recibirme en ella en el bautismo. Gracias por mostrarme en ella el rostro de tu Padre. Gracias por enviarnos tu Espíritu Santo que nos congrega y construye. Gracias por continuar ofrendándote diariamente en la Eucaristía que une y alimenta. Yo me entrego y consagro a ti. Quiero vivir a plenitud mis promesas bautismales. Adéntrame, Señor Jesús, en tu Corazón. Cámbiame este corazón de piedra. Que se parezca al tuyo para que no quiera hacer ya más mi voluntad, sino, como Tú, la del Padre. Préstame tu Corazón herido, tu corazón fuerte, para que aprenda a entregarme entero y sin reservas a la empresa de que venga a nosotros tu Reino de justicia, de amor y de paz. Amén.

Señor Jesús, que revelaste a Santa Margarita María tu Corazón apasionado de amor por todos y cada uno de los hombres en particular. 

Tú nos invitas a beber de la fuente de tu Corazón que hoy permanece abierto más que nunca.

En este sacramento del Amor que es la Eucaristía, te ofrecemos nuestros trabajos y cansancios; que encontremos en Ti nuestro descanso.

Te presentamos nuestros sufrimientos y heridas: consuélanos y cúranos.

Te mostramos nuestra dureza de corazón: haznos mansos y humildes.

Ponemos ante Ti nuestras ingratitudes e indiferencias: que te devolvamos amor por amor

Te expresamos nuestra sed de amarte y anunciarte: envíanos el poder de tu Espíritu Santo.

Señor, nos consagramos a tu Corazón, horno ardiente de caridad. 

Haznos instrumentos que atraigan los corazones a tu Amor. 

Haznos arder en tu amor compasivo que nos haga testigos ante el mundo de este Corazón que nos ha amado tanto.

1er día de la Novena de San Antonio de Padua

1er día de la Novena de San Antonio de Padua

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas eternas del infierno. Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Glorioso San Antonio de Padua, hijo esclarecido del gran padre y patriarca San Francisco de Asís: si es para mayor gloria de Dios, honor del santo y provecho de mi alma, que yo consiga la gracia que te pido en esta novena. Alcánzala del Señor, y si no, ordena mi petición, con todos mis pensamientos, palabras y obras a mayor gloria de Dios.

Jesús mío, te ofrezco los méritos de San Antonio de Padua, y por ellos y por el amor que le demostrastes cuando, en forma de hermoso Niño te tenía en sus brazos, concédeme la gracia que te pido en esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honor del santo y provecho de mi alma. Amén.

El que está llenó del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló frutó, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador -dice san Gregorio- es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Hablemos, por tanto, como el Espíritu Santo nos conceda expresarnos, pidiéndole humilde y devotamente que nos infunda su gracia, para que llegue el día de Pentecostés por la perfección de los cinco sentidos y la observancia del Decálogo; para que quedemos llenos del espíritu impetuoso de la contrición y nos abrasemos con las lenguas de fuego de la confesión, para que, encendidos e iluminados en el esplendor de los santos, merezcamos ver a Dios uno y trino. Ayúdenos aquel que es Dios uno y trino, bendito por los siglos de los siglos. Diga todo espíritu: Amén, aleluya.

¡Oh glorioso San Antonio de Padua: Bien conozco que no soy digno de que el Señor me atienda por lo mucho que le he ofendido; pero humillado y confundido me acerco al trono de su Divina Gracia, confiando en tu mediación te ruego, santo mío, que hagas la gracia de hacer mis veces delante de su Divina Majestad, y me alcances… (petición, se hace una pausa en silencio) y para más obligarte te ofrezco mis oraciones a fin de que te compadezcas de mí y me libres de la presente necesidad, si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Presenta tus méritos en mi favor; sé mi abogado delante del Señor que te dio tanto poder y te distinguió con tanta predilección y decide la causa en bien mío. Así sea.

7mo Día de la Novena del Sagrado Corazón de Jesús

7mo Día de la Novena del Sagrado Corazón de Jesús