Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrada devoción y el bien de mi alma. Amén.

«Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo los haré descansar. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí,

que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas» (Mt 11, 28-30).

«Solo la humildad es el camino que nos conduce a Dios y, al mismo tiempo, precisamente porque nos conduce a Él, nos lleva también a lo esencial de la vida, a su significado más verdadero, al motivo más fiable por el que la vida vale la pena ser vivida» (Papa Francisco, Audiencia general, 22 de diciembre de 2021).

Padre nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, tú conoces nuestras necesidades e intenciones. Nos has dicho: “pidan y se les dará”, lo hago con fe sincera y te confío esta petición… Todo lo espero de tu infinita bondad si es para tu gloría y para nuestro bien. Amén

Corazón de Jesús, manantial inagotable de gracia, amor y paz. Corazón del que nació la Iglesia, gracias por recibirme en ella en el bautismo. Gracias por mostrarme en ella el rostro de tu Padre. Gracias por enviarnos tu Espíritu Santo que nos congrega y construye. Gracias por continuar ofrendándote diariamente en la Eucaristía que une y alimenta. Yo me entrego y consagro a ti. Quiero vivir a plenitud mis promesas bautismales. Adéntrame, Señor Jesús, en tu Corazón. Cámbiame este corazón de piedra. Que se parezca al tuyo para que no quiera hacer ya más mi voluntad, sino, como Tú, la del Padre. Préstame tu Corazón herido, tu corazón fuerte, para que aprenda a entregarme entero y sin reservas a la empresa de que venga a nosotros tu Reino de justicia, de amor y de paz. Amén.

Señor Jesús, que revelaste a Santa Margarita María tu Corazón apasionado de amor por todos y cada uno de los hombres en particular. 

Tú nos invitas a beber de la fuente de tu Corazón que hoy permanece abierto más que nunca.

En este sacramento del Amor que es la Eucaristía, te ofrecemos nuestros trabajos y cansancios; que encontremos en Ti nuestro descanso.

Te presentamos nuestros sufrimientos y heridas: consuélanos y cúranos.

Te mostramos nuestra dureza de corazón: haznos mansos y humildes.

Ponemos ante Ti nuestras ingratitudes e indiferencias: que te devolvamos amor por amor

Te expresamos nuestra sed de amarte y anunciarte: envíanos el poder de tu Espíritu Santo.

Señor, nos consagramos a tu Corazón, horno ardiente de caridad. 

Haznos instrumentos que atraigan los corazones a tu Amor. 

Haznos arder en tu amor compasivo que nos haga testigos ante el mundo de este Corazón que nos ha amado tanto.